La primera: si ha de servir demasiado con eso de buscar ubicaciones y llegar al lugar que teníamos planeado. O para saber donde demonios estás parado, si es que alguna vez has estado perdido.
Pero simplemente para mí no llega hasta ahí, es aquí donde va la segunda parte.
Se puede siempre ver GoogleMaps como algo chiquito, pero si se aleja el mapa un poco podemos ver todo el mundo. Yo no se a ustedes pero cuando veo como un todo, simplemente no puedo evitar pensar que es tan pequeño, pero tan enorme a la vez.
Ver algo así solo deja ganas de viajar a todos lados. Soñar con algún día ir a todos esos rincones del planeta y saber que hay en cada esquina de las ciudades más importantes de algún país o saber que hacen con sus vidas los que viven en pueblos que parecen que están olvidados por todos.¿A quien lo le gustaría viajar tanto? Simplemente decir un día: Ya me voy. Agarrar una maleta con dos mudas de ropa, un traje de baño y una chaqueta, porque ni tú sabes en donde vas a parar. Si vas a estar en frío o si de pronto te vas a encontrar en una playa con un coco en las manos.
Y los que no quieran viajar porque según esto tienen miedo de algo, ¡con mucha más razón deberían! Viajar para vencer temores y tal vez tener unos nuevos y seguir hasta que no veas nada con terror, sino con asombro. Para aprender que se le pueden temer a varias cosas, que otras personas tienen una diferente perspectiva de lo horroroso que hay en este mundo.
Andar del tingo al tango, haciendo y deshaciendo, viendo y dejando ver. Compartir tú lo que sabes y dejar que algo de cada persona y de cada lugar se quede en tí. No cerrarnos a una sola idea, sino escuchar varias y de todo ese alimento que las palabras, pinturas, arquitectura, canciones, melodías, sonidos y tacto nos dan, formarnos de una única idea. Y con esto no hacer lo que los demás hacen o dicen, no pensar lo que todo mundo piensa y más importante aún no compartir lo que todo mundo ya sabe porque las personas con las que se junta siempre le cuentan lo mismo.
Visitar lugares por interés propio o porque te lo recomendaron o simplemente estaba de pasada. ¿Quien sabe? tal vez y se nos abre la mente y poder finalmente cosas asombrosas que estaban enfrente de las narices pero que no las logramos apreciar porque no nos detuvimos a mirar.
Al fin y al cabo, viajar siempre te deja con más ganas de viajar, con más ganas de seguir conociendo a personas y lugares que jamás imaginaste que podrías ver, de llegar siempre hasta donde nuestra imaginación, cuerpo y pasión lo permitan, para siempre regresar con la boca llena de algo que contar.